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martes, 31 de mayo de 2011

ENTREVISTA A CRISTINA PEÑALOSA

-Por fin llega a las librerías su novela -La conquista del olvido-, ¿por qué es tan importante no olvidar?

-Lo fundamental es que seamos capaces de asimilar lo vivido, que el pasado no se convierta en un lastre que nos complique el presente sin que ni siquiera sepamos qué es lo que nos ocurre.

-Tiene una larga trayectoria de premios. ¿Los premios son una manera de publicar?

-He sido una escritora sin prisas ni alharacas, porque siempre he sabido que mi momento llegaría y que debía procurar estar preparada y publicar de la mejor forma posible. Ahora lo hago con el aval de un premio prestigioso y con una editorial que ha cuidado muchísimo mi libro.

-En la novela hay muchas -vidas cruzadas-. ¿Retratan a gente que conoce?

-Todos los personajes son ficticios. Sin embargo, es posible que, en algunos de ellos, haya rasgos de carácter de personas que conozco. Chiara Mantovani, por ejemplo, decora prendas de ropa con pinturas porque, en el fondo, es una artista exactamente igual que mi hermana Marisa.

-¿Ha abandonado el relato breve?

-Nunca lo dejaré. Me gusta tanto que, a veces, me proponen comentar una foto del Filandón, el suplemento cultural de Diario, y casi siempre envío un pequeño cuento. Próximamente aparecerá uno de esos cuentos-pie de foto.

-¿Cree como su amigo José María Merino que el relato breve es más difícil que la novela?

-Sí, comparto esa opinión. En la novela, «te casas» con la misma historia durante algún tiempo. Eso es más cómodo que pensar cada día en un tema diferente. Por lo demás, tanto en el cuento como en la novela es preciso enganchar al lector desde la primera línea y economizar en el texto.

-¿Cuando empieza una novela tiene -todos los cabos atados- desde el principio?

-Los principales, sí. Sé lo que quiero contar, cómo hacerlo y de que manera va a terminar. Me gusta que la estructura sea firme, que no queden cabos sueltos, que todo lo que suceda responda a un motivo y que no sobre ni una palabra. Lo cual no quiere decir que me cierre a nuevas ideas que se me ocurran mientras estoy escribiendo.

-¿Cuál es su método de trabajo?

-Suelo dejar que venga la historia a buscarme. La escribo mentalmente por la calle. A veces me paro en cualquier sitio para tomar notas. Pienso en la estructura y en las voces narrativas. Para la redacción necesito soledad y silencio. Tener ese tiempo que siempre me falta. Imaginar una trama es lo más parecido a los juegos infantiles. Lo he pasado muy bien escribiendo La conquista del olvido y eso se nota al leerla.

-La novela aborda temas sempiternos como el olvido, la memoria y la identidad. ¿Cuál es su aportación?

-Nada que sea humano es nuevo y menos en Literatura. Yo he intentado tratar estos asuntos tan serios con amenidad y con un lenguaje diáfano y preciso. He querido que se lea con facilidad, que intrigue, que enganche... El gran pecado de un escritor es aburrir.

-A algunos escritores les preocupa al iniciar un nuevo libro el -punto de vista- (primera, segunda o tercera persona). ¿Es su caso?

-Mi empeño es contar lo que se me ha ocurrido con efectividad y todo lo demás está al servicio del lector. Yo, como lectora, no termino ningún libro que me resulte pesado. Bastante hice con comprarlo. La obligación del autor es cumplir las expectativas que ha abierto y si no lo hace es que es un estafador. Los libros insufribles deberían poder devolverse. A lo mejor eso limpiaba nuestras librerías y obligaba a los editores a plantearse qué están haciendo. Si todo es marketing también podrían ganar dinero con buena literatura.

-¿Qué está escribiendo ahora?

-La primera parte de otra novela está prácticamente acabada; sólo me falta tiempo. Yo no tengo mecenas ni tampoco un cónyuge que se ocupe de todas esas tareas pesadas que van desde la organización del hogar a la declaración de la renta. Casi ninguna mujer lo tiene. El único sufrimiento como escritora es tener que dejarlo para ir a trabajar, pero eso es lo que me ha permitido sacar mi familia adelante sin ayuda.

-¿La literatura es para usted un refugio?

-Más bien es un placer y un regreso a la infancia perdida ya para siempre. Recuerdo la nieve cayendo tras los cristales del cuarto de estar y a mi madre y a mí sentadas junto al radiador mientras su voz dibujaba los personajes de Elena Fortún en mi imaginación. Ella, que leía muy bien y escribía mejor, me regaló la literatura cuando las letras sólo eran dibujos incomprensibles para mí.

-¿Cuál es su versión para explicar que en León haya tantos y tan buenos escritores?

-Eso es un hecho cierto y demostrado, pero no tengo ni idea de por qué es así. Quizá la buena Literatura de unos es inspiración para los que van detrás.

-En los agradecimientos de la novela no se olvida de Merino. ¿Es su maestro?

-José María Merino es uno de los grandes escritores contemporáneos y todos somos deudores de nuestras lecturas. Es un maestro al que encontré en el -reino secreto- de sus cuentos y con el que siempre he podido contar en el territorio de la realidad. Nunca le ha faltado tiempo para mí.

-La Sábana Santa es un filón inagotable, usted también lo -explota-...

-Es un tema que toco tangencialmente en mi novela; ya ve que ni siquiera figura en la sinopsis. Una mañana de hace años, mientras tomaba un café precisamente con Merino, le conté algo que se me había ocurrido sobre la Síndone. Él dijo: «Ahí tienes un cuento». Luego aparecieron tantas novelas sobre ese asunto que yo desistí.

-¿La novela es una búsqueda personal?

-No me busco porque, de momento, no me he perdido. Espero que no me pase lo que a Chiara Mantovani, uno de los personajes de La conquista del olvido.

-¿Es cierto que se le ocurren muchas ideas en los seminarios sobre psicoanálisis a los que asiste?

-Pues sí y las apunto deprisa y corriendo, como una niña que hace una trastada, sin que Luis Salvador López Herrero, mi maestro de Psicoanálisis, se dé cuenta de que consciente e inconsciente se me han ido para otro lado.

(Fuente: «Los libros insufribles deberían poder devolverse» ( Diario de León - 30/05/2011 )

martes, 14 de diciembre de 2010

PAISAJES EN OTOÑO de José Manuel Ballesteros

























Una mujer envía cartas a otra mujer.

Rosa es profesora en un instituto; tiene cincuenta y ocho años, marido, hijos y nietos; le relaja pasar largas temporadas en la casa de campo heredada de su padre. Allí se refugia en Remedios y le gusta ver cómo cae el otoño. Marta, su mejor amiga, está lejos; en París. A Rosa cada vez le cuesta más comprender la vida que le rodea. Reinterpreta su pasado, planifica el presente y duda sobre el futuro. Y se evade escribiendo: “Me sorprendía viendo como las circunstancias me llevan. Y es que creo que por encima de lo que pensamos o decidimos, hay una fuerza mayor que nos impulsa a hacer o decir cosas que luego nos llenan de miedo. Es la fuerza del amor y de la vida, ¿o quizás de la ensoñación? No sé. Tampoco quiero pararme ahora a darle vueltas. ¡Hay tanta distancia entre lo que decimos querer y lo que de verdad queremos!”.


José Manuel Ballesteros Pastor (Cabra, Córdoba. 1952)

Dos son las facetas en las que viene desarrollando su oficio literario, para cuya dedicación exclusiva solicitó, hace más de dos décadas, la excedencia como maestro. En literatura infantil, sus obras de teatro se representan en colegios de España, Sudamérica y Portugal, donde también muchos niños disfrutan el personaje de «Pepe», cuyas aventuras fueron premiadas en la editorial Everest y actualmente incluidas en un proyecto con el que Ediciones El Almendro, de Córdoba, se embarcó para llevar al mundo infantil los principales monumentos de dicha ciudad. En la literatura para adultos, cuenta también con una larga trayectoria de publicaciones y premios en poesía, novela y relatos. En ambas facetas este autor andaluz invita a una reflexión sobre la libertad, el amor, la relación hombre mujer, la ecología, la incomunicación en un mundo donde continuamente se ven amenazados dichos valores.


PRESENTACIÓN:

Córdoba, martes 14 de diciembre de 2010

Fundación Antonio Gala. 19:30 horas

Intervienen, junto al autor:

Marta Jiménez, periodista

Manuel y Ricardo G. Mestre, editorial

martes, 6 de abril de 2010

PRESENTACIÓN IX PREMIO DE NOVELA DIPUTACIÓN DE CÓRDOBA

La editorial EL PÁRAMO se complace en invitarle a la presentación del IX PREMIO DE NOVELA DIPUTACIÓN DE CÓRDOBA

LAS LETRAS DE BRONCE de Santiago Miralles Huete

El acto contará con la presencia del autor y será presentado por
José Mariscal Campos, delegado de cultura de la Diputación de Córdoba
Antonio de Egipto Suárez, editor literario
Manuel y Ricardo González Mestre, editorial El Páramo

Día: Jueves 8 de abril de 2010
Hora: 20:00 h.
Lugar: Librería Luque. Calle Jesús María, 6

El joven copista Antonio Gutiérrez de Escalante inicia un largo viaje que le lleva desde tierras castellanas, pasando por Estrasburgo, donde conocerá a Johannes Gensfleisch de Gutenberg, hasta el lejano reino de Choson en Corea. Corría el año 1448. El maestro Antonio es capturado al cruzar la frontera de las tierras de Yak Li, donde los prisioneros son juzgados como “sospechosos”, quedando a la espera de los designios del rey. Pero esta vez el señor de aquel territorio escribió: “Extranjero, de más allá del Imperio del Centro, pero habla la lengua de Choson”.

El ganador del IX Premio de Novela Diputación de Córdoba nos sumerge en una historia de aventuras sobre el origen de la imprenta.

Santiago Miralles Huete (Madrid, 1962). En 2000 publicó su primera novela, La tierra ligera, una historia centroamericana en que cuestionaba la versión oficial del fusilamiento del emperador Maximiliano de México. Ha ganado en dos ocasiones el Premio Río Manzanares del Ayuntamiento de Madrid, con La fuente de Orfeo y Dos mil Madrid cincuenta y cuatro. En La lengua de Dios recreó los últimos años de la vida de fray Hortensio Paravicino, predicador del rey Felipe IV, lo que le permitió investigar las relaciones de los grandes artistas y escritores del Siglo de Oro. Con El Círculo Leibniz abordó la situación de los emigrantes españoles en Alemania. Ha vivido en Hannover, Seúl, San Salvador y Túnez, y actualmente trabaja en La Haya.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Presentación UN DIBUJO EN EL VIENTO de Alejandro López Andrada

Jueves 18 de marzo de 2010 a las 19:30 horas en el Salón de los Mosaicos del Alcázar de los Reyes Cristianos

El acto contará con la presencia del autor y será presentado por el escritor José Manuel Caballero Bonald; también intervendrán Andrés Ocaña Rabadán, Alcalde de Córdoba y Manuel González Mestre, editor.

Un secreto inconfesable. Una fecha, 15 de diciembre de 1968. Una familia desintegrada, reflejo de las dos Españas. Un niño capaz de traspasar la realidad más inmediata y forjar un mundo donde lo sobrenatural se materializa en lo cotidiano.

Un dibujo en el viento nos traslada a un paisaje rural, un pequeño pueblo –Veredas Blancas– donde Cristino cuenta la historia de su familia y del lugar que habita. La tragedia y la lucha, las pérdidas y los reencuentros, el amor primero, la educación y las travesuras, la violencia, lo desconocido, el miedo… un ambiente descrito con un lenguaje preciso, emocional y cercano. Alejandro López Andrada nos brinda el retrato de un mundo apasionado y mágico donde el lector se quedará como un habitante más.

jueves, 11 de marzo de 2010

LOS 80 SON NUESTROS de Ana Diosdado



Una noche de fin de año… y un crimen. Un grupo de amigos que viven una época de constantes cambios sociales y culturales. El amor y la muerte, la sexualidad, la violencia, la amistad, la conciencia o la inconsciencia política. Una historia que nos demuestra como la juventud es el momento más dulce, más vibrante y también el más vulnerable de nuestras vidas.

La editorial El Páramo, en su Colección Mayor, dedicada a autores de reconocida trayectoria literaria, presenta la nueva edición de “Los ochenta son nuestros”, una novela que habla de una ruptura generacional, de los jóvenes y sus conflictos frente al constante cambio social; una época que se repite ahora.

Ana Diosdado (Buenos Aires, 1938). Escritora y actriz. Participó como guionista y actriz en la exitosa serie de televisión “Anillos de oro”, recibiendo varios premios por su interpretación. En el campo teatral destacan sus obras “Olvida los tambores”, “El okapi”, “Los comuneros”, “Cuplé”, “Cristal de bohemia” o “La última aventura”; también realizó adaptaciones teatrales de importantes dramaturgos (Casa de muñecas de Henrik Ibsen o La gata sobre el tejado de zinc caliente de Tennnessee Williams). Como novelista ha publicado “En cualquier lugar, no importa cuando” (Finalista del Premio Planeta, 1965), “Igual que aquel príncipe” (Temas de hoy, 1994) y “Los ochenta son nuestros” (Plaza y Janés, 1986), adaptada al teatro dos años después.